jueves 13 de octubre de 2011

EL UNIVERSO CONTRA MI

Específicamente… debería titularse “El universo tecnológico contra mí”.

Estoy de vacaciones, y después de cumplir con la visita familiar, donde he estado una semana, he vuelto a mi casita, a descansar, a no hacer nada, a dedicarme a mi… o eso pensaba yo… porque de todo lo que había planificado hacer… ejem…no he hecho nada.

Ya que estoy de vacaciones, y mi “maridito” (uff, nunca me acostumbraré a esta palabra), trabaja… yo debería ser una esposa diligente, y tener preparada la comida cuando llegue a casa, nuestro hogar debería estar limpio y recogido, todo preparado, para que él pueda llegar a casa, no hacer nada, disfrutar de su “mujercita”, descansar, y volver a ganarse los cuartos…

Pues… tengo que reconocer que esto no es así para nada. Mi impulsiva mente, no deja de lanzarme retos que no pueden esperar, y tal y como me tomo las cosas, es que no las puedo hacer esperar. Tengo que hacerlo todo “YA”, todo, mientras se me van ocurriendo nuevas cosas, e ideas que a priori pueden parecer difíciles, pero ya tengo yo a las neuronas dando vueltas, pensando que seguro que hay un modo de hacer eso que parece tan difícil. Y eso que ahora mismo debería estar poniendo una lavadora, poniendo la mesa para el churry, luego tender la ropa, y un montón de cosas más… que pueden esperar… pero las ideas las tengo en el momento y luego se me olvidan. Eso sí que no puede esperar… Sé de alguien que me está entendiendo a la perfección.

Pues mi última inquietud, es que me ha dado por ser familiar, eso sí, siempre en la distancia, que tampoco hay que pasarse… He mangado a mis padres su álbum de fotos antiguas, de toda la familia, con fotos de mis bisabuelos, fotos rotas, fotos arrugadas… y aparte de escanearlas, retocarlas, y hasta arreglar fotos que estaban rotas y les faltaba un trozo (el cual me he inventado como he podido), pues aparte de eso, he decidido poner a prueba una vez más mi creatividad, y hacerles un álbum digital para que no pierdan estas fotos. Por si fuera poco, aprovechando la visita familiar, le he pedido otro álbum a mi abuela (en ese sí que hay historia…), y por su parte, el churry, también le ha pedido todas las fotos de archivo a sus padres… Vamos, que casi sin comerlo ni beberlo, me he juntado con las fotos de tres familias, que cada uno tendrá su álbum.

Todo esto supone, investigar qué programas existen para retocar fotos, cómo arreglar fotos antiguas, completar fotos rotas, etc… lo del álbum… a estas alturas ya lo tengo dominado. Y una vez, hecho eso, ahora queda, digamos, el trabajo físico: escanear todas las fotos.

Si esto ya me parecía poco, esta semana, que he empezado con el álbum de mi abuela y mis padres, me he dado cuenta de que tenía el material suficiente para hacer un par de árboles genealógicos (uno para cada uno), ya que tengo fotos que llegan hasta mis bisabuelos. Y aquí es donde me ha aparecido el nuevo reto: el de hacerlo. Esto significa buscar otro programa (gratuito, por supuesto), para llevarlo a cabo. Y no solo ha sido hacerlo, buscar datos, colocarlo, sino, imprimirlo de forma que me saliera toda la familia, ya que cuando lo intentaba, nunca me salía toda la familia entera (la parte de mi padre y de mi madre, sino solo una rama). En fin… para quien sepa cómo funciona esto, igual le parecen tonterías… hasta que yo lo descubrí… pasaron horas… pero por fin lo conseguí. Bueno, y un montón de cosas más para conseguir que saliera perfecto (me sale en pdf, lo quiero en jpeg, lo imprimo en calidad óptima, lo escaneo a todos los puntos de resolución posible, ya que las caras de la familia son muy pequeñas, etc, etc…

Esto ha hecho que haga muchas horas delante del ordenador, entre escanear, recortar, retocar, montar, bla bla bla, así que no es de extrañar que un día de diario, una amiga me mandara un email de madrugada (muy de madrugada), para contarme su última historia con un tío, y yo la llamara en ese momento para que me contara los detalles. (Sí, las tías también tenemos nuestras formas de “bajar a contarlo al bar” en cuanto sucede).

Volviendo al tema principal, de porqué tengo la sensación de que el universo, especialmente el tecnológico, se ha vuelto en mi contra… Pues a ver… llevo mes y medio esperando a que vengan a recoger un pedido defectuoso de algo que pedí por Internet, y después de ocho mil emails, y doscientas respuestas por parte de la empresa diciendo que pasarán en breve, aquí no ha pasado nadie. Estoy harta de hacer reclamaciones. Además… también llevo un mes, esperando que me llamen para recoger algo que había comprado (físicamente), que estaba defectuoso, y tenían que volver a hacer. Por supuesto, también he mandado emails y hecho llamadas telefónicas para ver qué estaba pasando, si ya estaba todo listo, y si ya podía pasar a recogerlo. Esto, entre otros ejemplos, como problemas con los diferentes seguros. Parece el mes de “Ignorar a Sonia”.

Y ya la última, y debo de estar enferma, es que llevo creo que ya 28 horas, peleándome con el escáner, y es que creo que me está tomando el pelo. No sé que le pasa conmigo, y es que estoy segura de que es personal, que cuando escaneo una foto, la guardo, recorto los bordes, y le doy a guardar… la foto…….. desaparece!!!!, y todo el trabajo en balde. Y como es algo personal… esto ha sido la guerra, o yo, o él, y me he tirado toda la tarde de ayer, toda la noche, y hoy toda la mañana, hasta conseguirlo. Intentar mil trucos, hacerlo cuando el escáner cree que no estoy, cuando no me mira… como si yo fuera otra persona… reiniciando… haciéndome pasar por Juan… (por si es por mí…), aparte de soluciones más “normales”, mirar su configuración, investigar en foros, etc… Pues nada,… que no le da la gana. Hasta que hace un rato… le ha dado por hacerlo bien. Creo que era la enésima vez que lo intentaba ya sin ganas, (pero es que hay algo que me impide abandonar, que debe de ser patológico…), ya lo hacía paso a paso,…me iba a la cocina para no presionar… (así de paso le hacía la comida al churry), lo dejaba escaneando…, cerraba el archivo…, lo volvía abrir… recortaba un margen… lo guardaba… me iba… recortaba otro margen… me volvía a ir… volvía sin hacer ruido…, y la prueba de fuego… girar la imagen (que estaba volteada). Ese era el momento en que la foto decía volverse totalmente blanca y desaparecer, para mi gran desesperación.

Pues hará cosa de 15 minutos… por fin, por fin, por fin, lo he conseguido, y la foto no ha desaparecido. Lo peor de todo esto, es que no tengo ninguna razón lógica para saber porqué ahora ha funcionado, por lo que no sé cuando el escáner me volverá a tocar las narices… ¿O igual es una actitud mental mía? Si me dejo de obsesionar tanto… igual no presiono tanto al escáner y decide funcionar correctamente… En fin… no debo de estar muy bien cuando le atribuyo cualidades humanas al escáner, bueno, no solo cualidades humanas, sino MIS cualidades humanas y obsesivas. Vamos, que si yo fuera el escáner, estoy segura de que haría eso, solamente para fastidiarme. Lucha de titanes, porque yo soy igual de insistente que el escáner, en el caso de que pudiera pensar como yo…

En fin… lo bueno, es que la insistencia y la desesperación por fin obtienen sus frutos. Hoy me han llamado para decirme que mañana se pasarán a recoger el paquete que ya está echando raíces aquí. Y también me han respondido de la tienda, diciendo que el producto ya está arreglado y preparado en la tienda el producto, y que está allí desde hace UN MES!! Estos sí que me van a oír esta tarde por no haberme avisado ni respondido a llamadas ni a emails… Y en cuanto a los seguros… si todo sale bien… parece que me voy a ahorrar un 50% en uno de ellos.

Bueno, a ver si esto es una señal, y empieza la temporada “Hacer caso a Sonia”.

Ya lo veremos, porque siempre surgen sorpresas e imprevistos… O se me ocurren nuevas ideas con las que complicarme la vida…

Noticia de última hora: me acaba de llamar mi padre para corregirme el nombre de un primo lejano. ¡¡¡Maldita sea!!! Tendré que volver a arreglar uno de los árboles, imprimirlo, escanearlo, y retocarlo otra vez… grrr. A ver si el escáner sigue funcionando bien y no me la lía… u hoy no salgo de casa, ni pongo la lavadora ni paso el aspirador, ni voy a comprar, ni como, ni me depilo, ni me voy de excursión el sábado…

domingo 29 de mayo de 2011

La boda... GOTICA!!

Haciendo frente a todas las apuestas en contra… llegó el día en que Juan y yo decidimos dar lo que la gente llama “el gran paso”, “pasar por el aro”, “el final de la libertad”, etc, etc, etc… Que, para nosotros, que ya llevamos tiempo viviendo juntos y con una convivencia muy buena, no significa nada nuevo, pues nada va a cambiar al día siguiente. Mucha gente me ha preguntado qué como nos ha dado por ahí… y hombre… que queréis que os diga… Yo por mi parte, sé con quien quiero pasar el resto de mi vida si la otra parte está de acuerdo, pero para eso no hace falta casarse, ya que eso tampoco significa nada definitivo ni asegura el éxito de una vida en común, pues eso se ha de trabajar día a día. El matrimonio no es que te pongan un anillo en el dedo, que según en que casos parece “el anillo soluciona-problemas” (cariño, nos casamos a ver si los problemas que tenemos se solucionan solos), o el “anillo anticuernos”, (símbolo de que esa persona es “propiedad” de otra, y no impide el adulterio dando descargas eléctricas al acercarse a otra persona con intenciones adúlteras, jeje, aunque sería una buena idea…); A mi parecer es un sentimiento y un estado mental de amor y respeto a la otra persona, que ya se debería tener cuando se empieza una relación seria, y no a partir de tal fecha, después de casarse, y no nos hacen falta símbolos externos para demostrarlo. Al menos, eso es lo que pensamos nosotros, y por esa razón, una de las características de lo que llamaremos boda, fue que no hubo intercambio de anillos; aparte de por las razones mencionadas de que no le encontramos sentido a esa simbología, es porque no nos los íbamos a poner nunca, y siendo prácticos… entonces es un gasto inútil. A mí personalmente, no me gusta el oro, y la forma de la alianza me da un poco de grima, aparte de que no pega con los otros tres anillos que llevo, que si llevo es porque me apasionan (uno de una araña, otro de un ojo, y otro es un anillo puzzle que se desmonta cuando te lo quitas), así que ya tengo suficientes. Y a Juan no le gustan en absoluto… así que… algo menos.

En fin, después de tanto rollo, iré a relatar lo concerniente al evento, porque no fue para nada una boda tradicional…

Teníamos claro que no queríamos un bodorrio, y para nada gastarse todo el dinero que normalmente se dedica a este tipo de actos, y si por Juan hubiera sido, hubiéramos ido en chándal a firmar, y vuelta a casa. Pero mi gente viene desde muy lejos, y no les voy a hacer venir para cinco minutos, así que algo de celebración sí que quería hacer, pero con algunas condiciones:

¿Vestir yo de blanco?? Ni hablar, ya lo hice el día de mi comunión y la cara de cabreo que tengo en todas las fotos, demuestra todo lo que me gustó ese día… grrr. Por supuesto, el acto tendría lugar en el juzgado de paz, ya que mi condición de apóstata no me permite otra cosa, y Juan estaba de acuerdo. Él decía que iría de negro, pero en vaqueros negros y camiseta negra, la primera que sacara del armario. Yo estaba de acuerdo, pero yo siempre he querido vestirme de cierta manera, que diariamente al trabajo no podría ir así (aunque algún detalle suelo llevar), y como de noche, ya se nos pasó el momento de salir, tengo ropa de ese estilo que no amortizo. ¿Qué de qué hablo? Pues del estilo gótico.

Así que una vez decidido todo esto, me puse manos a la obra, a buscar lo que yo quería, que no fue fácil, la verdad. Porque aunque vivo en una ciudad con muchas opciones, aún así no encontraba exactamente lo que quería. Tendría que ser algo rojo y negro, un corpiño y una falda larga, y quería que la falda fuera larga, con una tela negra sobre la roja que imitara la tela de una araña… Casi nada… El corpiño fue fácil, pero la falda… no la encontraba, así que al final, se la encargué por Internet a una chica que las hacía, y francamente, todo fue muy bien con ella… Anima Antiqua. El resto fueron los complementos, botas rojas y negras con la punta reforzada en hierro y superbastas, por supuesto, medias negras con dibujos de teladearaña, chaquetilla transparente también con telas de araña, orquillas con forma de mano de esqueleto, extensiones azules en el pelo,… Vamos… muy temática… jeje.

Los invitados… serían la familia cercana (padres y hermanos), y los amigos más cercanos. Con una estrategia… ¡Separarlos! : Comida con la familia y cena con los amigos, que estas mezclas suelen ser muy perjudiciales cuando se mezcla el alcohol si se quieren seguir manteniendo los amigos, o evitar burlas para toda la vida…

Y aunque suene mal, teníamos algunas pequeñas normas para los invitados, jeje. Para empezar, estaban totalmente prohibidos los regalos, por tres motivos: uno para evitar el típico regalo de boda que no se sabe que hacer con él; porque afortunadamente, tenemos todo lo que podemos necesitar, y porque suficiente regalo es ya para la gente, venir desde fuera para un día, pedirse el día libre (la boda era en viernes), y que como solo iban a venir los amigos más cercanos, queríamos que vinieran solo por nosotros, y no por la obligación de amortizar un regalo en una cena. Total, que a pesar de todo, la gente hizo lo que le dio la gana, y nos hicieron regalos, que los de nuestros amigos cercanos, eran una pasada (toallas negras con nuestros nombres en letras góticas, muñecos de caperucita roja y la abuela zombi y vampiro, cada una en su ataúd, etc…), aparte de los “inevitables regalos de boda de cosas que no sé para que sirven” de amigos de mis padres, que hace siglos que no veo. Tengo la teoría de que esos regalos son itinerantes y van rulando de boda en boda hasta que a alguien le gusta… Así que… jeje, si alguien se casa en las próximas fechas, probablemente le caiga un hermoso juego de tazas de desayuno que tienen dibujadas unas flores preciosas, en una bandeja superbonita… jijiji.

El día, (aunque suene a tópico), fue perfecto. Vinieron amigos míos que se hicieron más de 800 km para verme ese día, pedirse días libres en el trabajo y pagarse hoteles. Ese fue el mejor regalo que me pudieron hacer y por eso ya era demasiado que hicieran algo más, … pero como son unos cabezones, aparte de todo eso, aparecieron con cositas y detalles muy bonitos. (Esta me la apunto, ;-) ). Mis compañeros de trabajo me hicieron también una fiesta sorpresa, que les desmonté totalmente, cuando estando con una compañera mirando algo en su ordenador, le llega un aviso por email que le ocupa toda la pantalla que ponía “Fiesta sorpresa para Sonia de 13 a 14 horas. No os olvidéis!!”, jeje, además, que no me hice la despistada ni nada, y no hacía más que reírme y decirles que les había pillado. Y aparte de la tarta que me hicieron, con los muñequitos de boda (ya que no íbamos a tener tarta de boda), me regalaron una estancia de fin de semana “romántico” en un hotel. Insistían en que algo tradicional tenía que tener. Desde luego, tengo compañeros muy majos.

Aparte la noche anterior al “Gran Día”, mis compañeros de aikido, me dieron una gran sorpresa. Me amenazaron con que fuera al bar de encuentro de siempre o se vendrían a mi casa a cantarme serenatas, y una vez que aparecí por allí, me tenían preparada la sorpresa de un hermoso ramo de rosas rojas, con un lazo negro y papel negro (que me dijeron que les había costado mucho encontrar pues parece ser que en las floristerías no tienen este tipo de lazos y papel), y una gargantilla negra preciosa muy gótica, que había hecho una de mis compañeras de aikido. Son geniales!!! Además, otra cosa que no pensaba llamar era ramo, y ahora me habían regalado uno, así que ya tenía uno para llevar. Me dijeron que estuvieron buscando uno de rosas negras, pero que resulta que les habían dicho que eran rosas pintadas y que no suelen durar más de un día…Y acertaron, porque aún tengo el ramo.

Cuando llegó la familia política a mi casa, y me vieron, la primera reacción fue de impacto, y mira que había avisado de cómo iba a ir, pero no me creían. Aún así, después de recuperar el aliento, reconocieron que iba muy guapa, y es que en la peluquería hicieron una auténtica obra maestra conmigo. Como dice una amiga mía… jeje “Siento decírtelo, tú eres guapa, pero… tía… no eres tan guapa como ibas ese día…”. Lo sé, jeje, razón de más para que nadie me reconozca después del momento.

Vino una amiga mía a mi casa, que hizo el curso de fotografía conmigo, y fue la encargada de hacerme las fotos, que por cierto, quedaron genial. ¡¡Toda una fotógrafa!!




El camino al juzgado, que estaba muy cerca de mi casa y fuimos andando, estuvo lleno de risas: desde el momento en que bajé y me vieron las hermanas de Juan, que tampoco se lo acababan de creer, los sobrinos, que tenían miedo y no se me acercaban, y por supuesto, las miradas de la gente por el camino, coches que pitaban saludando, mi amiga haciendo fotos, mi hermana también…



Y al llegar, estaban allí mis otras amigas, las que habían podido ir, ya que era viernes, y también algunos de mis compañeros de aikido, donde una de ellas, me prestó una pulsera que iba a juego con la gargantilla.

La ceremonia también estuvo llena de buenos momentos, desde el juez, que era un pedazo de pan y sus bonitas palabras (“No se ha de decir todo lo que se piensa, pero se ha de pensar todo lo que se dice”), el secretario, (que había estado trabajando en mi pueblo y empezó a decir todas las zonas que conocía de por allí, lo que llenó a mi padre de orgullo), el momento del “Sí, quiero”, que en lugar de eso, Juan dijo: “¡Vale!” y yo dije: “¡Por supuesto!”, y el juez diciendo: “Se dice Sí, quiero”. En el momento, de los anillos dijo: “Como la casi señora ha dicho que no habrá anillos, si quieren pueden pasar a darse un beso”. Eso sí que no faltó, y la madre de Juan que no dejo de llorar en ningún momento. Jolín, que tampoco era para tanto… ¿Cómo era? Ah, sí: “Si ganas una hija, Emilia… no llores…” Y al salir del juzgado, se acerca un coche… y eran mis compañeras del curro, que se habían escapado una hora para venir a verme… En fín, GENIAL. ¿Se puede pedir más???

Luego, sesión de fotos en el parque de mi casa, y a comer con la familia en una masía preciosa… Que menos mal que habíamos separado a la familia de los amigos, porque mi padre empezó a contar todos los trapos sucios de mi infancia, desde cómo le retorcí el cuello a un pollo, hasta cuando le tiré una piedra a su coche recién comprado. ¡Glups! Aún así, fueron muy buenos momentos. Y a los camareros les encantó mi look, o eso me dijeron, jeje.


Y más tarde… la cena con los amigos, (ese día casi reventamos de comer), en otra masía, donde la camarera que ya me había visto en otra ocasión, ni me reconoció y también flipó un poco. Todo buenísimo, y también estuvo muy bien, aunque ya estábamos muy cansados, y la idea que tuvo uno de los amigos de Juan de irnos a comprar un regalo a última hora y hacer que le tuviéramos que esperar para cenar hasta las 11 de la noche, nos fastidió un poco, bueno, de hecho, yo le hubiera matado, pero no era el momento… A pesar de eso, el encuentro con los amigos, fue lo mejor, una cena más de colegas, una buena cena.

Suena a tópico, pero fue un buen día. No sé si el día más feliz de mi vida, porque la vida está llena de momentos felices, pero sí de los mejores, gracias a la gente. Y aunque yo intentara dar la nota con el vestido y los detalles “tradicionales”, al final tuve tarta de boda (en el curro), ramo de flores (gracias a los aikido), algo nuevo (estaba claro, ¿no?), algo azul (mi pelo) y algo prestado (la pulsera que me prestó mi compañera de aikido).

La verdad es que la gente se portó genial con nosotros, molestándose en buscar las cosas que nos gustan (que reconocemos que no es fácil), el desplazarse hasta aquí gastándose una pasta para venir a presenciar el evento, escaparse del trabajo para venir a verme o poderme hacer las fotos del evento. Bueno, no sé si me merezco todo esto, pero lo único que sé es que estoy rodeada de gente muy buena y encantadora y que tengo muchísima suerte por ello. GRACIAS A TODOS!!

Me hubiera encantado pasar más tiempo con la gente que tuvo que venir hasta Barcelona para un día, pero teníamos que preparar la maleta para un gran viaje, ya que el domingo… nos íbamos de luna de miel a hacer trekking en el Nepal… Pero eso… lo contaré en otro momento…

jueves 30 de septiembre de 2010

30 de Agosto

Ya ha pasado un mes, y aún no he hablado de un día muy importante. Tan importante como el día de mi cumpleaños, bueno, el mío y el de mucha gente al parecer, ya que son muchos los que han decidido nacer ese día, supongo que con ánimo de quitarme el protagonismo.

Primero yo, por supuesto, soy la primera que conocí que nació este día, y oye, hasta el día de hoy, encantada de conocerme.

Más adelante, en el instituto, para la asignatura de inglés, la profesora nos puso como ejercicio cartearnos con alguna persona en inglés. Como ya apuntaba maneras, elegí Italia, y me carteaba con un chico, casualmente también nacido el 30 de agosto. Eso ya me pareció raro, y tardó tiempo en volver a repetirse, la verdad es que con un tocayo de año, ya tenía bastante.

Tiempo después, en un trabajo, una amiga me dijo que yo hacía los años el mismo día que un amigo suyo… Casualidad… Pero es que al año siguiente, en otro trabajo, dentro del mismo despacho en el que estábamos 5 trabajadoras sociales, llegado la fecha del aniversario propio, nos presentamos allí tres de nosotras con pasteles, ya que de cinco, tres habíamos nacido el 30 de agosto, y la otra el 2 de septiembre. Esto ya es una casualidad mayúscula. Estuvimos todo el día haciendo bromas sobre si el requisito para trabajar en ese sitio, era haber nacido el 30 de agosto, o en su defecto, ser virgo. Por supuesto, la quinta chica, era la no-integrada.

Ese mismo año, otra amiga me presentó a un amigo suyo de Madrid, Pedro, también nacido el 30 de agosto, y con muchas cosas en común. De hecho, hoy en día, seguimos manteniendo el contacto.

Pero ya el culmen de todo, fue cuando conocí al churry, durante las fiestas de la ciudad actual, que son en septiembre, y en medio de una conversación en la que él estaba bromeando sobre lo bueno y perfecto que era, porque era de signo zodiacal Virgo. Le dije que entonces estaría a punto de ser su cumpleaños, ya que para el signo de Virgo hay más días en septiembre que en agosto, y me dijo que no, que ya había sido, concretamente había sido el 30 de agosto. Casi me da un yuyu. Le empecé a pegar (de broma), diciendo que no era posible que hubiera nacido ese día, porque ese día había nacido yo (razonamiento lógico donde los haya). Casi se cae él también en ese momento. Y ahí estábamos los dos, intercambiándonos los DNI y rascando la fecha de nacimiento para ver si era cierto… De eso, ya han pasado 4 años, y seguimos celebrando los años el mismo día, al menos así no nos olvidamos el cumpleaños del otro.

Pero la marabunta de los nacidos ese día, no acabó ahí… En el trabajo actual, estaba comentándole a una compañera que el lunes, no iría a trabajar porque era mi cumpleaños y me lo había pedido libre para estar con una amiga que había venido a verme. Pues no va y me dice que ella también cumple años ese día…

Bueno, ya está bien, vamos a ver… ¿qué pasa aquí? ¿Qué demonios pasó la última semana de noviembre o la primera de diciembre de hace unos 30 años?? (No os extrañéis de las semanas, he contado nueve meses hacía atrás desde mi cumpleaños, ya me conocéis…) A ver… ¿Fueron inviernos fríos? ¿No había tele? ¿España ganó el Mundial/Copa/Eurocopa/loquesea? ¿Los preservativos de esa remesa salieron defectuosos? Tanto le insistí a mi madre en ello, que para que me callara, me llegó a contar el día en que perdió su virginidad. Y sí, me callé, aunque me quede con la boca abierta un buen rato. Esto sí que no me lo esperaba… ¿así que el 25 de julio de 1975, eh, pillina? ;-)

Es que no lo entiendo. Demasiados nacimientos ese día, al menos a mí alrededor. Eso por no contar, los que conozco que han nacido el 27 de agosto, el 2 de septiembre (4 personas, una de ellas mi jefa), el 3, el 11 y el 12, y la mayoría trabajadoras sociales. No sé, lo llevaremos en el zodiaco…

Igualmente, a pesar de que seamos un mogollón y que ese día las felicitaciones sean de ida y vuelta (como en Navidad), es un día bonito, y este año, mi regalo ha venido en avión.

Mi amiga, la del prototipo en MODO A PRUEBA DE FALLOS, vino a visitarme mientras perfeccionaban nuevamente el androide, y la verdad, es que me sentí como una reina, y eso que la invitada era ella. La lleve al vicio, o sea, de compras, y me cayó un regalito muy original para casita. Por la tarde nos fuimos a pasar frío al Bar de Hielo de Barcelona, donde nos clavaron 15 euros por entrar a un sitio a 15 grados bajo cero (fuera había 30). Nos reímos un montón chupando los vasos de hielo, para ver si nos quedábamos pegados, y luego rompiéndolos contra una columna. Dentro aguantamos 20 minutos, hasta que los dedos de mis pies empezaron a pasar del rojo al morado. No se me ocurrió otra cosa que ir en sandalias… Pero el bar ese, vamos, un negocio, 15 euros por 15 minutos y no hay ni que fregar los vasos. Que pena que no se nos hubiera ocurrido a nosotros la idea…






Después de refrescarnos, nos fuimos a cenar a La Fianna (guerrera en Gaélico, el nombre oculto de mi amiga, ;-) ), donde pudimos cenar tumbados en una cama llena de cojines al más puro estilo chil-out, donde además cenamos cosas buenísimas… Mmmm, ensalada tibia de confit de pato… mmmm. Y luego al Born, a dar una vuelta por los bares hasta que aguantó el cuerpo, porque la mañana de compras, había sido cansada.

Al día siguiente, nos fuimos a Sitges, donde nos dimos otro homenaje comiendo una estupenda paella y dando una vuelta por el pueblo y por la playa viendo cuerpos esculturales, recreando la vista.

El día después… cumple y yo no trabajaba, así que nueva vuelta por Barcelona, que mi amiga se atrevió a retarme a ir andando, y no sabe lo que hizo. 12 kilómetros como mínimo dando vueltas por la ciudad, donde vimos algunas cosas curiosas... (la plaza donde se entrenaba Iniesta, Neptuno con dos tridentes, el copiloto de Dios, ...). Suerte que mi amiga se había comprado unas bambas muy cómodas que las puso a prueba, y dieron buen resultado. Ese día, mi amiga insistió en llevarme a comer al Hard Rock, al menos para que lo viera, aunque no me hacía mucha gracia, pero había que probarlo ¿no? Pues ale, ya lo probé, jeje.





Y después de la kilometrada, a preparar bombones de chocolate para llevar a mis compañeras del curro. La pena es que mi pinche insistía en probar dos de cada tres que hacíamos para comprobar su calidad… Menos mal que la conozco y compré doble cantidad de todo…

Y un año más, ese ha sido mi cumple, rodeada de buena compañía, aunque siempre falta gente, pero bueno, tuve su contacto a través de sms o llamadas. Ha sido intenso, de hecho, caray, más que tres días me han parecido una semana. A este paso, envejeceré antes, jeje. Pero la verdad, es que puedo decir que nos lo hemos pasado muy, muy bien.

Ah, para terminar… jeje, estaba pensando… que para contribuir a la causa de los nacidos en 30 de agosto… si alguna vez … bueno, ya sabéis, tengo una cosa de esas que lloran y crecen… ya intentaremos concebirlo entre la última semana de noviembre y la primera de diciembre… y para no fallar… cesárea programada, y uno más en la familia para celebrar el cumple…

Uff, la edad empieza a hacer notar sus achaques. Ale, hasta otra.

lunes 20 de septiembre de 2010

MODO A PRUEBA DE FALLOS


Nuestra amiga está enamorada. Nuestra amiga está enamorada y nos trae de cabeza.

Está enamorada de un prototipo al que nosotros llamamos El Indio, en honor a que se llama de la misma manera que cierto piel roja valiente que gritaba su propio nombre al saltar al vacío (o al menos así me lo imagino), aunque no es precisamente por su arrojo y valentía por lo que le debieron llamar así (a saber que estaban pensando en ese momento).

El prototipo llamado El Indio, y mi amiga, más conocida por sus múltiples versiones (Perfecta.9.9, TíaBuena.10, y con software disponible de Plussexualidad 6.9, cocinera v.8, simpática %100% y con todas sus actualizaciones de estas versiones autoinstalables de forma gratuita, una vez adquirido el pack) se conocieron durante la grabación de un programa de televisión, entre muchas cámaras y cables, y a pesar de que allí había tanta gente, se fijaron el uno en el otro, de manera que el resto de los que estaban allí, dejaron de existir para ellos y casi provocan un cortocircuito al poner en contacto todos sus hardware, software, periféricos y versiones de última generación.

A riesgo de dejar al planeta sin energía, siguieron quedando, se conocieron, volvieron a quedar, a hablar, y así durante todo un año en los que recursos terrestres han estado al límite, con tanta química y energía que desprendían ambos prototipos; incluso llegando a rozar la barrera legal del empalagosismo.

No obstante, el prototipo llamado El Indio, fue diseñado con un defecto en su programación, el cual no ha dejado de ser analizado en ningún momento por nuestro equipo de expertos.

Después de unos cuantos experimentos y pruebas sobre el terreno y en el laboratorio, finalmente hemos podido diagnosticar que el sujeto en cuestión padece lo que se viene a llamar cientificamente “Compromisus terribilis” en su forma más pura; seguramente producto de un fuerte trauma al verse separado violentamente de su osito de peluche con forma de Espinete cuando aún era un niño, lo que ha provocado una relación causa-efecto ante cualquier emoción que le recuerde a su añorado Espinete rosa, que el propio individuo relaciona con un próximo abandono; todo ello hace que el prototipo llamado El Indio, ante la mínima señal que le haga recordar las emociones de su Espinete, se distancie mental y espacialmente de todo prototipo femenino que le pueda aportar lo que su muñeco Espinete le daba.

Bien, mientras se investiga el tratamiento para esta enfermedad, el equipo de expertos ha seguido buscando alguna que otra solución a este problema, y podemos decir, que después de mucho dilucidar, discutir, elaborar complicadas teorías y realizar numerosos experimentos basándonos en el viejo pero certero arte de ensayo-error, hemos llegado a la conclusión de que estamos ante una simple herramienta informática para hacer feliz a nuestra amiga, pero… que aún se encuentra en MODO A PRUEBA DE FALLOS.

Sí; estamos ante el primer androide destinado a hacer feliz a una mujer en vías de perfeccionamiento, es decir, en MODO A PRUEBA DE FALLOS. Podemos decirlo con toda seguridad, ya que en todas y cada una de las ocasiones en las que hemos intentado decir o explicar al prototipo llamado El Indio, las palabras “Compromiso”, “Relación”, “Pareja”, o similar; esta combinación de sonidos, producen un sobrecalentamiento en la CPU y en la placa base, que hace que se colapse el sistema, siendo necesario reiniciar inmediatamente con el fin de recuperar el trabajo conseguido, para lo cual, cuando el individuo está en parada técnica, (o con el encefalograma plano) se ha de arrancar en MODO SEGURO (utilizando palabras cortas y frases sencillas que pueda comprender y no bloqueen el sistema operativo…).

Una vez reestablecido el MODO SEGURO, (estado similar al del vientre materno), se han de intentar salvarguardar los cambios realizados y el trabajo llevado a cabo hasta el momento, para lo cual, y antes de perderlo todo, se ha de RESTAURAR EL SISTEMA EN UN PUNTO ANTERIOR. Aquí es donde está el principal fallo, y es que, ante cualquier colapso, el punto anterior al que retornamos siempre es al 2009, momento en que se conocieron, y por ello es porque tenemos la sensación de no avanzar y estar siempre como al principio.

No obstante, el equipo sigue trabajando en ello, a la espera de perfeccionar este prototipo.

Y únicamente por si acaso, tenemos a los becarios del departamento trabajando en el PLAN B, DE RESCATE, por si el efecto de la palabra Compromiso fuese tan fuerte y poderoso, que no consiguiéramos que el prototipo llamado El Indio, lo asimilara y nos pasáramos años volviendo continuamente al mismo punto de restauración de sistema.

En ese caso, nuestra amiga, que funciona solita en MODO AUTÓNOMO Y SEGURO, tendría un problema, ya que ella sí que continuaría la evolución normal.

Para ello, tenemos al equipo B trabajando en el prototipo que provocaría el salto de la palabra compromiso y sus consecuencias, hasta la edad del momento de nuestra amiga (que ya rondaría los 60, después de tantos años de investigaciones…), para lo cual, habrá que equiparar las capacidades de el prototipo llamado El Indio a mi amiga.

Para ello, el equipo B habrá desarrollado unos cuántos programas de software destinados a este fin. Por ejemplo, hablamos de un software de Arrugas 2.0, Calvicie 1.0 (en su versión inicial), Dentadura 5.0 con su crack (Corega), Miopía versión 2.5, Cataratas 0.0, etc. Estos software se irán incluyendo en función de la vida que haya decidido a llevar el prototipo en cuestión, quedando siempre en función de esto la opción de instalar Incontinencia 4.3 o versión superior, Cirrosis v.3, Colesterol o Diabetes 5.5, entre otros. De la misma manera, se dotará al prototipo llamado El Indio de un potente antivirus con los últimos avances para combatir los más recientes ataques de virus y troyanos como Alz_Heimer 7.4, PRóstata 6.8 o el temido H1N1, que permitirán a ambos tener unos últimos años felices y satisfactorios.

Nuestro equipo de científicos seguirá investigando, para que nuestra amiga sea feliz, en el perfeccionamiento del MODO A PRUEBA DE FALLOS, para no tener que llegar al prototipo B, a pesar de que esto también le daría la felicidad, aunque en otros tiempos previstos y a más largo plazo.

Para terminar, decir que tenemos a un tercer equipo dedicado íntegramente a un último prototipo más perfeccionado que el mencionado "El Indio", al que queremos llamar Prototipo “Príncipe +de30”, sin fallos de programación y que esperamos que también pueda funcionar de forma autónoma y segura, de la misma manera que ya funciona nuestro famoso prototipo conocido como Juan.El.Bueno.10.

Nena, te deseamos algo parecido o mejor. Mientras tantos tus amigos continuamos en MODO A PRUEBA DE BOMBAS.

domingo 22 de agosto de 2010

Recorriendo la Liguria y la Toscana


2782 km, más o menos, son los que nos hemos recorrido en nuestro viaje por Italia. Sí, me aburría y con lo que me gusta perder el tiempo en cosas inútiles, llevo un rato calculándolos. No parecen muchos, teniendo en cuenta las distancias en avión, pero si se cuentan todas las etapas del viaje que hemos tenido en 9 días, pues igual sí que lo parece, o alguno, hasta se estresa.

Este año el viaje organizado fue por la Liguria (región de Génova) y la Toscana (la famosa región de Florencia). Hacía mucho tiempo que tenía ganas de organizar este viaje; la Liguria, por los recuerdos, y la Toscana por la pasión. Y como coincide que tengo a mi víctima favorita al lado que me acompaña a todas partes, y aunque no lo parezca, disfruta, pues era la oportunidad.

El viaje duró desde el día 2 de agosto, que salimos de Barcelona, hasta el día 10, que ya estábamos de vuelta, y empezó así.

Día 2 de Agosto: nos levantamos tempranito, a las 5 de la mañana, para dirigirnos al aeropuerto, todo esto después de pasar una noche de nerviosismo, pero no por el viaje, sino, porque descubrimos esa misma noche, que teníamos visitantes en casa: un par de simpáticos ratoncillos de campo, que habían decidido cuidar de nuestra casa en nuestra ausencia, y lo hicieron sin preguntarnos, así que… tuvimos que tomar las medidas oportunas y mover contactos que se ocuparan de estos amiguitos, cosa que al segundo día de ausencia, estaba solucionado.
Ahora vivimos mucho más lejos, y lo tenía organizado para ir en transporte público desde casa, para evitar pagar un taxi, que ahora sí que nos costaría un pastón. Todo este plan, se fue al garete, debido a que esa noche hubo tormenta, y se cayó la línea de tensión del tranvía y no funcionaba, así que finalmente tuvimos que bajarnos los pantalones y llamar a un taxi. Menos mal que a esas horas no había tráfico, y no fue tanto como nos temíamos. Pero bueno, ya estábamos en el aeropuerto.

Llegamos al aeropuerto de Malpensa, en Milán (720 km en línea recta) a eso de las 11. Cogimos el autobús que nos llevaría hasta la estación (57 km), donde cogeríamos un tren hasta Chiavari (181 km), donde teníamos instalado nuestro “centro de operaciones”. El motivo de este rodeo, eran los 30 € de billete de avión a Milán, frente a los 350 de avión a Génova.
Al llegar a Chiavari, deshicimos la maleta, y ya nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, que fue rápida, la verdad. Si algo me gusta de Chiavari, es que aunque tenga playa, no está masificado, es muy tranquilo, y como sitio para descansar y dormir, estaba bien. A Juan no le pareció muy bonito, pero yo no puedo ser objetiva en esta ciudad, demasiadas experiencias vividas allí para poder opinar sólo sobre su estructura organizativa. Siempre me gustará.

Después de una exploración rápida por el pueblo, dimos una vuelta por el paseo marítimo, y decidimos comprarnos unos trozos de pizza y botellas de agua, para comerlas cerca de la playa, mientras se ponía el sol. Es una nuestra forma sana de hacer botellón. Y luego a dormir, que empezaba la maratón.




Día 3 de agosto. Nos levantamos temprano, ya que el objetivo del día era hacer una ruta de senderismo. Así que cogimos el tren, y nos dirigimos hacía un pueblo llamado Riomaggiore, (80 km) donde empezaríamos a hacer la ruta de Cinque Terre, o también llamada Via dell’amore. Se trata de una ruta de unos 12 kilómetros, que recorre cinco pueblos (Riomaggiore, Manarola, Corniglia, Vernazza y Monterosso) que bordean la costa, muy característicos de la zona con sus casitas de colores. Después de pasar el tercer pueblo, Corniglia, y subir 382 escalones, empezaron a flaquear nuestras fuerzas, ayudado por el calor y la humedad que había, así que al llegar al cuarto pueblo, decidimos no llegar al último, que además, en otra ocasión que ya había hecho esta ruta, recordaba que era la menos bonita y la más dura. Con lo cual, solo hicimos 10 de los 12 km de la ruta. Así que cogimos el tren, y nos volvimos a Chiavari, (60 km) donde nos dimos un baño en la playa.

Claro que… yo y la playa, somos un poco incompatibles, y después de 20 minutos allí, baño rápido incluido, dejé a Juan tomando el sol, y yo, que no aguantaba la inmovilidad, me fui a dar una vuelta por el pueblo. Sería porque había caminado poco…




Día 4 de agosto . Después de desayunar, cogemos un tren y decidimos irnos a Pisa (132 km). Allí pasamos la mañana, y estuvimos paseando por la ciudad, hasta llegar al Campo dei Miracoli, donde está la Torre, la catedral, el Baptisterio y el cementerio. A mediodía, vimos que habíamos visto casi todo, y decidimos coger otro tren e irnos a la ciudad de Lucca, que está muy cerca y también tenía ganas de verla. (30 km).

Y mereció la pena, una ciudad muy tranquila, muy bonita, y con calles peatonales para poder pasear tranquilamente y disfrutar de la ciudad, haciendo fotos, comiendo pizza sentados en una plaza, helados, y disfrutar de un café frío en una terracita. Como veis, a veces también non sentamos…

Sobre las siete de la tarde, cogimos el tren vuelta a Chiavari, haciendo cambio en una ciudad llamada Viareggio. Total, 134 km más.



Día 5 de agosto. La idea del día, era que fuera más tranquilo, pues íbamos a ir a un pueblo cercano, Sestri Levante (8 km), donde ahora viven algunos de mis amigos y pasamos el día con ellos. Era mi amiga Lilli, que trabajo conmigo en la ludoteca, ahora ella tiene dos pequeños bambinos y uno en camino. Estuvo muy bien, aunque se tuvieron que ir temprano porque cayó una tormenta impresionante y los enanos tenía que dormir la siesta. Mientras ellos hacían esto, nosotros acabamos de dar una vuelta por el pueblo, y sus dos bahías. Sestri Levante forma un istmo y tiene dos playas: La Baia del Silenzio y la Baia delle Favole, llamada así porque al parecer Andersen, se pasó una temporada por esta zona.

Como nos lo recorrimos enseguida, nos dio por subir a un pico, llamado Punta Manara, desde donde se veía todo el pueblo y las dos bahías de lo alto. 4 kilómetros de subida y 4 de bajada para verlo, y lo conseguimos en una horita y algo más. Al bajar, como aún nos sobraba tiempo, volvimos al hotel de Chiavari, a ducharnos y dormir un poco la siesta nosotros también para luego volver otra vez a Sestri, que habíamos quedado a cenar con mis amigos. Aquí tenemos que sumar 16 km más, más los 8 de subida y bajada a Punta Manara.



La cena con mis amigos, estuvo muy bien. Especialmente porque los padres de uno de ellos, tienen un restaurante típico Lígure, y cenamos cosas características de la zona, y fuera del turismo. A Juan le encantó algo que probamos, un Testaieu (una especie de gofre sin huevo), con salsa pesto por encima. Jamás imaginé que a Juan le gustara tanto el pesto, ya que el color verde de la salsa no le entraba mucho por los ojos. De hecho, estos días está buscando la forma de hacer esta receta en casa, y yo encantada, claro. Y de segundo, un buen filetón de carne, que los padres de mis amigos iban expresamente a buscar a regiones de la Toscana, donde la carne tiene fama de ser de mejor calidad. Y de postre… sorpresa al encontrarnos la crema catalana en el menú, pero nos tiramos al tiramisú, que estamos en Italia.

Bueno, la cena genial, y la compañía mejor aún, todo esto mientras los hijos de mis amigos hacían travesuras y Juan se partía con ellos. Se hizo tarde, y por suerte, nos acercaron en coche al hotel, pues aún teníamos que hacer la maleta, ya que al día siguiente, dejábamos el hotel para irnos a Florencia. Sumemos 8 km más.

Día 6 de agosto. Como dije, al dejar el hotel, volvimos a la estación para coger el tren, destino Florencia, con cambio en Pisa. (234 km). Llegamos al hotel a mediodía, que estaba muy cerca de la estación, y más cerca aún del Duomo y del centro histórico. Así que después de deshacer la maleta y comernos un bocadillo por ahí, nos encontramos de morros con la catedral. Juan se quedó con la boca abierta; la verdad es que es impresionante, y después de que cerrara la boca y hacer fotos, subimos a la cúpula de la catedral, que eran 483 escalones de subida en espiral. Así ya teníamos una vista general de Florencia, y ya solo nos quedaba la vista en detalle. Al bajar, ya estaban cerrando todo (y eso que eran las 6 de la tarde), y nos fuimos a callejear. Y en una de estas, nos encontramos con una tienda de fabricación de máscaras…

Por si alguien no lo sabía, me apasionan las máscaras venecianas, y poder entrar en esta tienda, y que el dueño, al que le caí bien, me dejara probarme todas las que me diera la gana, y hacerme fotos con ellas, era más de lo que podía imaginar. Me hubiera gustado comprarme alguna, pero caray… un antifaz ya costaba 120 €, pero el murciélago me lo hubiera comprado, sino fuera por el momento actual… pero bueno, ya caerá ya… Después volvimos al hotel, a dejar los bártulos, y nos fuimos a cenar, sí, sentados.




Día 7 de agosto. Nos levantamos, con el objetivo de ver la ciudad, pero surgió un problemilla: Juan tenía una contractura en el cuello y prácticamente no se podía mover. ¡¡Mierda!! Bueno, no debe de ser agradable para él, así que nos fuimos a una farmacia a comprar algo para el dolor, y a pesar de que estuviera así, por la mañana estuvimos viendo el Palazzo Vecchio, la Piazza Della Signoria con el David delante (que vaya culo que tiene), el Palazzo Pitti, y como no, el Ponte Vecchio.

Después de comer algo sentados en cualquier plaza admirando la ciudad, decidimos volver al hotel, así Juan podía descansar y recuperarse un poco. A él le sabía mal que estuviera allí sin hacer nada, así que prácticamente me echó y me fui a ver la catedral por dentro. Pero Pepito Grillo es muy poderoso, y en 20 minutos ya había visto todo, y estaba en otra farmacia comprando pastillas y cremas que me había aconsejado el farmacéutico, al que le había puesto cara de Bambi para dar pena. Con todo esto, volví al hotel, a darle un masajito y luego nos fuimos a cenar, y a pasear otra vez. Juro que no obligué a Juan, él lo quiso, y la verdad, tenía razón: esta vez podía caminar, aunque se girara en bloque para ver las cosas…





Día 8 de agosto. Tanta medicina debió de hacer efecto, porque Juan se levantó un poco mejor, aunque no totalmente recuperado. Así que… cogimos un autobús y nos fuimos a Siena. (72 kilómetros más). Otra ciudad increíble, además se estaba preparando la carrera del Palio, que sería el 16, y estaba toda la ciudad decorada. Nuevamente muchas fotos, y comer una pizza estupenda a los pies de la catedral.

Y llegamos a la Piazza del Campo, donde se corre el palio… por supuesto, yo quería subir a la Torre, pero Juan no estaba en condiciones. Pero me dijo que subiera, que él se quedaba descansando y comiendo un helado. Así que después de la cola, y subir 400 escalones por un pasadizo muy estrecho y escalones en los que apenas me cabía el pie, y eso que uso un 36… llegué arriba. La verdad es que acojonaba bastante, pues todo era muy estrecho; tanto que no dejan subir ni bolsos ni mochilas, porque si uno se gira, puede empujar a alguien con la mochila. Tanto es así, que no me dejaron subir la funda de la cámara donde llevaba el otro objetivo, y tuve que llevarlo en la mano, mientras subía unas escaleras de pánico, y es que la última parte de escaleras eran como las de los andamios, y me tenía que agarrar sólo con una mano, mientras se veía 83 metros más abajo el suelo. Mejor no pensarlo y seguir adelante, pero mereció la pena.

72 kilómetros más de vuelta a Florencia, cena, paseo nuevamente por la catedral, y al hotel.




Día 9 de agosto. Juan seguía mejorando, así que… le volví a engañar y cogimos otro autobús para ir a San Gimignano. Esto no estaba en mis planes, pero al ver que se podía ir, no me lo iba a perder, además que nunca pensé que pudiera llegar, porque no tiene estación de tren ni nada, pero en turismo nos explicaron cómo llegar, haciendo trasbordo en otro pueblo. Así que después de 60 km, llegamos a este pueblecito medieval. Es todo peatonal, casas todas fieles al estilo medieval, lleno de torres, porque en su día, cada familia tenía una, (ahora solo quedan unas pocas), y todo esto en medio de campos toscanos, que se podían ver perfectamente desde lo alto de la Torre Grossa del pueblo, a la que subimos los dos, ya que solo eran 238 escalones.

Pasamos el día allí, relajadamente, paseando, haciendo fotos, comiendo pizza y helados, admirando el pueblo y el paisaje. Me estaba encantando el viaje, y a Juan también, a pesar de su contractura. 60 km de vuelta y a hacer la maleta…



Día 10 de agosto. Llega el final del viaje. Tenemos que coger el avión, pero no en Florencia. Salía mucho más barato en Pisa, así que cogimos un autobús que nos dejaba directamente en el aeropuerto de Pisa. 109 km más para el cuerpo. Y a las tres de la tarde, se había acabado todo definitivamente, estábamos en Barcelona (731 km en línea recta).

El viaje en números son: 2782 km, 1503 escalones, y 575 fotos de viaje. Un viaje muy completo, que me ha encantado, y aunque parezca mentira, no me ha parecido para nada cansado, aunque sí intenso. ¿Seguro que no hemos viajado durante un mes? Menos mal, que aún nos quedaban 5 días más para descansar de verdad antes de volver al curro…

domingo 1 de agosto de 2010

MI QUERIDO HEXAQUISICOSAEDRO

¿Qué qué es un hexaquisicosaedro? Pues la wikipedia también lo define como disdiaquistriacontaedro, icosaedro hexakis o triacontaedro disdiakis. Está claro ¿no? Ah, ¿qué no?. Bueno, lo diré de una forma más sencilla: es una de las formas de las lámparas IQ Light, concretamente la de 120 piezas, o en términos poliédricos, de 120 lados.
En esta entrada, vengo a contar cómo he llegado a hacer esto. Todo empezó... en un momento de paro profesional... Sí, lo reconozco, yo, la hiperactiva, la impaciente, una vez… me paré. No es nada vergonzoso, incluso me atrevería a decir que hoy en día es bastante común, por desgracia. Y tampoco es que me avergonzara de ello, simplemente le saqué partido a ello, empleando mi tiempo libre en creatividad.

Durante ese periodo, tuve momentos de agobio, (sí, el paro también agobia), y me fui a ver a una amiga a Valencia. Allí me enseñó unas lámparas que una amiga suya le había enseñado a hacer. Y yo, como me aburría, me encapriché y quise aprender a hacer esas lámparas, que eran de 30 piezas, o sea, un triacontraedro rómbico.

Bueno, continúo, después de este dato documental. Me fui de casa de mi amiga con la plantilla, y desde ese día pasé noches en vela intentando averiguar cómo se hacía. Otra amiga mía, que también es un crack, encontró por Internet las instrucciones para hacerla, y aunque estaban en inglés y aquellos dibujos eran un auténtico esfuerzo de interpretación, una noche con calma… hice mi primera lámpara. De la emoción casi voy a enseñársela a mis padres, pero claro, eran las 4 de la madrugada, y creo que no era el momento más adecuado.

Las lámparas se llaman IQ Light, y el modelo se lo inventó un diseñador danés llamado Holger Strøm. No tiene mucho secreto, salvo tener paciencia, ya que todo viene explicado en esta página http://www.iqlight.com/ , y posteriormente hay un montón de foros y blogs en Internet, sobre este tema. Y claro, yo no iba a ser menos.

Desde ese momento, empecé a profesionalizarme en el tema. Mi padre, fomentado esta afición, me hizo varias copias de la plantilla en varios tamaños. El resto, corría de mi parte, que hasta entonces las hacía con cartulinas de colores, porque no encontraba ningún material adecuado y resistente, hasta que en una librería muy grande, encontré algo similar al acetato, y empecé a combinar colores en las lámparas: con tonos diferentes de un mismo color, como tres tonos de verdes, azules, morados, amarillos, etc. Así quedaban mucho más bonitas. El resultado fue que casi me hago un catálogo de lámparas con diferentes modelos, colores y tamaños, al gusto del consumidor. Como dije, una profesional. Lo mejor fue cuando vi que algunas tiendas las vendían a más de 50 €. Por favor... si el material cuesta tres euros… A partir de ahí, pasé de regalarlas en los cumpleaños de mis amigas, a tener pedidos de los amigos de mis amigos, que les habían encantado esas lámparas y encima las podían encargar de los colores que fueran a juego con la decoración de sus casas. Aquí va un ejemplo.





Llegó el cambio de ciudad, y aquí encontré un filón: una tienda donde vendían este material en un tamaño mucho más grande que una cartulina, resistente y flexible a la vez, y con una gran variedad de colores. En este momento, ya habría regalado o vendido unas 70 lámparas, pero a partir de aquí, todo el que las veía, me pedía una. No es que quisiera hacerme de oro con esto, pues me gusta hacerlas e inventar nuevas combinaciones de color, pero la gente me las pedía y me las pagaba, y por cada trabajo que he pasado, quien las ha visto (tampoco es que oculte mi afición, puesto que es parte del marketing…) me las han pedido y he hecho unas cuantas. Otro ejemplo:





Casi se puede decir que mi seña de identidad es que mis amigos o conocidos tengan una de estas lámparas en su casa. Bueno, tampoco es para presumir tanto, ya que por lo que veo por Internet, hay bastante gente que sabe hacerla, pero somos pocos los que tenemos la paciencia y las ganas de ponerse a hacerlas.

Y después de un montón de lámparas y combinaciones hechas, me propuse un nuevo reto: las de 30 piezas las hago como churros, casi sin mirar, así que … ¿porqué no probar otros modelos? ¿Y que tal si seguimos con la de 120 piezas, que dicen que es la más difícil?

Y puedo dar fe de qué así es. En primer lugar porque no hay una sola página web que explique claramente cómo se hace. Tuve que imprimir unas cuantas fotos, sacadas de capturas de videos, para ver la forma en qué estaba hecha y averiguar el orden de las piezas, y menos mal que encontré una página donde más o menos explicaban la colocación de las piezas… pero de ahí a montarlas…. pues ya se apaña uno.

Total, que en una tarde de ciclismo, fórmula 1, y campeonato del mundo de GP, en la que no me pude acercar a la tele (las motos y los coches sonaban como mosquitos nerviosos y me estaban poniendo frita), me encerré en la habitación a intentar montar mi nuevo reto. Eso sin contar, que previamente tuve que recortar las 120 piezas, que hicieron que casi se me cayeran los dedos…

Después de desmontarla en cuatro ocasiones, desesperarme, que se me cayera, que las piezas no encajaran, y que perdiera la paciencia porque aquello tenía forma de todo, menos de algo redondo… poco a poco… fue tomando forma, y parecía redonda… y que las piezas encajaban. Psh, Alto, Sonia, no te emociones que luego pierdes la objetividad y no sabes dónde te habías quedado. Eso, encima presionándome yo a mi misma…

Finalmente después de dolor de dedos, cortes en las manos, dolor de cabeza, y presión en las sienes de intentar mantener la calma y no emocionarme, y tres horas de concentración, por fin puse la última pieza, y además, encajaba sin tener que forzar ni romper nada… Aparecí en el salón llevándola sobre los hombros, al más puro Atlas cuando sujetaban la bola del mundo (me sentía igual), y a Juan le encantó. La verdad, yo tampoco confiaba en hacerla a la primera, porque era muy complicada y temía enfadarme y cargarme todas las piezas, pero no… la cabezonería se impuso esta vez.

Y aquí tengo en el salón mi enorme Hexaquisicosaedro verde, (en tres tonos de verde, que mola más), esperando que lo vean las visitas, porque me parece que de este tipo, regalaré pocos Hexaquisicosaedro (esta es la palabra a aprender del día).





¿A qué molaaa?

martes 27 de julio de 2010

CAPITULO VII: TODO PASA FACTURA...

Estaba en casa, en mi hogar, en mi habitación con la gente que me quería y con la que, casi durante seis meses no había tenido contacto.

Volver, fue raro, por una parte, tenía ganas de dejar de preocuparme de todo, que ya había tenido lo mío, pero por otra, quería volver a sentirme independiente.

Enseguida todo fue como si no me hubiera ido: mi madre preguntándome a cada momento con quién iba, dónde iba, a qué iba y cuándo volvería, no dejándome hacer nada en casa, (vamos, jugando a su rol de madre), y yo sintiéndome nuevamente anulada, y sin nada que hacer, porque ya había acabado la carrera y la experiencia italiana. ¿Y ahora qué?

Aparte de todo esto, el proceso de readaptación fue difícil. Sí, aunque parezca raro, me costó mucho, principalmente por el idioma. Me había tirado seis meses hablando italiano, y prácticamente nada o muy poco español, salvo las pocas veces que hablaba con mis padres, y el caso es que se me había olvidado el castellano. Así como al principio, en Italia, antes de hablar traducía mentalmente las palabras en mi cabeza, ahora lo tenía que hacer al revés, pero con el español. Manda huevos!! Se me había olvidado mi propia lengua. Lo peor (o mejor, porque mis amigas se reían mucho), es que, por inercia, al entrar en las tiendas decía: “Buon giorno, vorrei un po di.. digo… quisiera un poco de…” Podía imaginarme los comentarios cuando salía de la tienda: “Mira la pija esta, seis meses en Italia, y fardando de que habla italiano; pues mi nene habla muy bien inglés…”

El caso es que tanta tensión acumulada, tenía que pasar factura…

Un día, estaba en mi habitación con una amiga, a la que le estaba contando todas las aventuras que me habían pasado, y claro, ella tenía los ojos abiertos como platos, sorprendida de todas las cosas que me habían sucedido en ese periodo. De repente, mi amiga empezó a mirarme de forma extraña, yo pensé que era por todo lo que le estaba contando, pero me di cuenta que llevaba rato hablando italiano, y no me había ni enterado. Al mismo tiempo, empecé a notar que veía un poco raro de un ojo, como si las cosas brillaran demasiado, y a continuación… me puse a hablar muy raro, en algo parecido al ruso.

En este punto, mi amiga ya se empezó a separar de mi silla, un poco asustada, pensando “Oh, oh, habla lenguas que no conoce… malo, malo. A la niña del exorcista le pasó algo parecido...”.

Mi amiga, con cara de susto, me preguntaba si estaba bien, y yo, que ya notaba que se me había empezado a dormir el brazo derecho… me dejaba caer sobre la cama, sin parar de reir, y hablando medio en ruso, mientras decía “Estoy de puuuuuuuuuuuutaaaaaaaaa madreeeeeeeeeeeee. No veo de un ojo, ni siento un brazo, pero estoy de puuuuuuuuuuuuuuuuutaaaaaaaaaaaa madreeeeeeeeeeeeeeee”. Todo esto, sin parar de reír, pero al rato empecé a llorar.

Bueno, algo muy raro. Como cualquier persona normal, mi amiga pegó un bote en la silla, y se fue corriendo a buscar a mi hermana, que estaba en la habitación de al lado, como no, hablando por teléfono. Cuando entraron en la habitación, por lo que me contaron estaba llorando y riendo a la vez, y quejándome de que no sentía el brazo. Mi hermana, muy hábil ella, para ver si notaba algo, no se le ocurre otra cosa que morderme un dedo, y claro, recibió el golpe oportuno que esquivó por poco. Luego dicen que me pusieron el teléfono en la mano, a ver si lo sentía, y me explicaron que me puse a gritar pidiendo que me lo quitaran al más puro estilo de posesión. Bueno, un show. Yo creo que pensaron que realmente estaba poseída. Solo me faltó echar sangre por la boca y bajar las escaleras haciendo el pino puente hacía atrás.

Visto lo visto, decidieron llevarme al hospital, pero yo, pirada como estaba, no se me ocurrió otra cosa, que ponerme las lentillas, a pesar de que se me caía la cabeza sobre el lentillero.

Pues fue llegar al hospital, y pasárseme todo (para que luego digan que no valen para nada). Me hicieron preguntas y pruebas, yo no recordaba nada, las pruebas salieron bien ("camina en línea en recta, cierra los ojos y tócate la nariz, apriétame la mano, ay ay, no tan fuerte...") Yo me quería ir a casa. Querían dejarme ingresada en observación, pero no quise; tenía muchas cosas que hacer, como pensar qué hacer con mi vida.

El caso es que volviendo a casa, yo iba tumbada en la parte de atrás del coche, y parece ser que a medio camino, volví a empezar a delirar. Era domingo por la noche, y yo no hacía más que repetir con voz de drogada: “Tengo que ir a la biblioteca…. Tengo que acabar la tesina…” Ale, vuelta a urgencias, y esta vez no me dejaron salir.

Estuve ingresada tres días, en los que me hicieron un montón de pruebas: scanners, análisis, electroencefalogramas… (por lo menos el resultado no fue “plano”), y nada, que no encontraban nada.

Una tarde, estaba sentada en la cama, hablando con la amiga que había sufrido mi ataque deloquefuera; me lo estaba explicando y yo flipaba, cuando entró el neurólogo a decirme que no entendía nada, porque los resultados estaban todos bien, pero que lo que me había pasado, no era muy normal. En ese momento, me preguntó si me había pasado algo traumático últimamente. “¿A quién? ¿A mi? Nooooo, A mi no me ha pasado nada”. Enseguida note el codazo de mi amiga en las costillas: “¡¡¡Cuéntaselo todo!!!”. Vaaale, ya se lo cuento. Otro show: el neurólogo aguantando las lágrimas, mi amiga a punto de llorar, joder, que no fue para tanto…

Diagnóstico: Migrañas, pero no migrañas normales, migrañas complicadas, que es lo que sentía cuando me dio aquello: me dolía la parte izquierda de la cabeza, pero me afectaba a la derecha: vista, habla, coordinación... Todo ello, provocado por estrés y tensión, y por guardar demasiado tiempo las cosas dentro, y no desahogarme con nadie. Ello provocó que en el momento en que me relajé (o sea, en casa), toda esa tensión acumulada salió de repente.

Tratamiento: pastillas y no guardarse nada dentro. ¿Se entiende ahora el porqué del blog? Jeje.

A pesar de todo esto, no puedo dejar de ver con sentido del humor mis migrañas. De hecho, hubo una histórica, que la voy a contar ahora mismo. Lo siento, gente, me dijo el médico que tenía que contar las cosas, no querréis que me de una migraña ¿no?

Estábamos una tarde a punto de entrar al cine a ver una película de miedo y casualmente, iba con la misma amiga que fue testigo de mi primera migraña. Cuando me fue a dar la entrada, empecé a notar los primeros síntomas de ataque migrañero: veía raro. Oh, oh, creo que me va a dar una. Mi amiga, nuevamente asustada, me preguntaba si estaba segura y que si realmente quería irme a casa: “Hombre, tu verás, pero la peli es de miedo, y no me gustaría que me diera dentro, y medio cine saliera , corriendo asustado por mi ataque”. Decidimos ir a buscar a mi hermana, que estaba en el bar de enfrente, para que me llevara a casa. Ella estaba con otra amiga a la que también conocía, y que me dio un abrazo al verme: “Hombre, Soniaaaa ¿cómo estás? ¿Qué tal cogiendo chapapote?” (había estado la semana anterior en Galicia colaborando en la limpieza de playas). Al parecer, le respondí, mientras intentaba coger una silla que no estaba allí y que solo yo veía “Pues ya ves los efectos. ¿Me lleváis a casa? Me duele un montón la cabeza, veo cosas raras y no coordino, pero espera a que empiece a hablar en ruso...”.

Me llevaron a casa. Volví a tumbarme en la parte de atrás del coche, mientras un martillo me golpeaba las sienes, y cuando paramos en un semáforo… levanto la cabeza un poco para mirar la ventanilla… y veo dos jirafas. Sí, sí, dos jirafas en el centro de la ciudad, dios, que mal empezaba a pintar aquello. “¿Qué demonios hacen dos jirafas en esta ciudad? Estoy fatal, ahora tengo alucinaciones, será mejor que no diga, o me vuelven a ingresar, pero esta vez no será en el hospital…”

Mal, mal, mal, esto tiene muy mala pinta. Estaba preocupada, lo siguiente sería ver canguros por el puente. Glups. Menos mal que mi hermana, sin tener en cuenta que me dolía tanto la cabeza, me movió, mientras gritaba: “Mira, Sonia, ¡¡ha venido el circo a la ciudad!! ¡¡Y tienen jirafas!!”

(….) no os podéis imaginar lo feliz que me hizo el grito de mi hermana, aunque hizo que se movieran aún más las piedras que tenía en el cerebro.

Desde entonces, las jirafas se han convertido en mi animal de la suerte, o eso dicen mis amigas, que al contarles esta historia, aparte de partirse de la risa, no han hecho más que regalarme todo tipo de cosas que tenga una jirafa dibujada: calcetines, tazas, posters, fotos, separadores de libros, ropa interior, … todo. En fin, donde quiera que yo vaya, desde entonces, me persiguen las jirafas, mientras mi amiga Mónica, cada vez que se acuerda, se parte de risa… que le vamos a hacer. Ellas son así.

Ah, y ahora sí, se acabó el culebrón. Ya no habrá más capítulos. Acabo justo a tiempo, porque la semana que viene me voy de vacaciones. ¿A que no sabéis adonde?? Sí, a Italia. ¿Concretamente? Pues a Génova, tengo un par de asuntos pendientes que tratar… Mª Grazia, prepárate que voy para allá a “tenemos una cita pendiente mis muchachos, tu y yo”. Jua jua juaaaaaaaaa.

domingo 25 de julio de 2010

CAPITULO VI: EL RETORNO

Se acabaron las navidades y la tranquilidad, y tuve que volver a Génova. Me quedaba un mes para acabar el proyecto y volver definitivamente a España. Y después de todo lo que había pasado, ya nada podía ser tan malo.

Mis compañeros de la ludoteca me habían preparado una fiesta de bienvenida, y habían invitado a otros compañeros de la asociación de otros puntos de Italia. Y en esta fiesta, conocí a Paolo, precisamente Paolo tenía que llamarse, pero bueno…

En este punto, yo ya estaba harta de relaciones y de chicos, y empecé a hablar con este chico, como si lo hiciera con una amiga. Bueno, pues parece ser que eso le encantó, porque me empezó a perseguir. El chico no estaba mal, y le dejé claro que no quería ningún tipo de relación seria en ese momento; además de que pensaba librarme de él de forma rápida y fácil, ya que vivía a 400 kilómetros.

El problema empezó cuando a Paolo no le importaba hacerse esta cantidad de kilómetros cada fin de semana, con tal de verme. Y cuando digo verme, era verme, porque hasta dos semanas más tarde, no tuvo resultados, y para entonces ya se había metido 1600 km en idas y venidas entre pecho y espalda, aunque fueron resultados que merecieron la pena, pues nos lo pasamos bastante bien. Pero bueno, lo dicho, que con una basta, y yo no quería más. Pero… la que no quería más solo era yo.

Quien me mandaría a mí ceder. ¡Maldita sea! Lo que pasó con eso, cuando yo pensaba que así ya me dejaría tranquila, fue todo lo contrario: que dice que se enamoró (bueno, yo creo que se encaprichó, pero si le gusta llamarlo así, vale). Y entonces empezaron las llamadas diarias, diciendo que quería volver a verme, que se hacía otra vez 400 km y venía, que quería estar conmigo “para siempre jamás”… ufff, todo esto provocó mi consiguiente agobio, llegando un momento en que tanta insistencia hizo que al final le acabara colgando el teléfono. Lo sé, fui cruel, pero de verdad que no estaba yo en mi mejor momento para soportar eso, solo pensarlo me entraban escalofríos. Menos mal que me quedaba una semana para irme. Yo solo quería tranquilidad, mantener a los tíos lo más lejos posible y volver a España para aclarar las ideas.

El caso es que, la última noche de mi estancia en Génova, se puso a trabajar la conciencia, y le mandé un mensaje, diciéndole que a pesar de todo, había sido bonito conocerle. Como no hubo respuesta, pensé que estaba enfadado, y lo dejé estar.

Pero al día siguiente, cuando estaba en el aeropuerto, me llamó, para decirme que había visto el mensaje muy tarde, que para él también había sido bonito, y bueno, que cuando llegara a España, podría leer el email que me había escrito.

Bueno, parecía que todo iba bien. Y por suerte, ya no tuve más incidentes en los aeropuertos esta vez, salvo que tuve que pagar una barbaridad por exceso de equipaje, y es que seis meses de vivencias, pesan mucho en la maleta.

Ya en mi ciudad, pude leer el email de Paolo, y bueno… me temblaban las piernas. Me decía que se había enamorado de mí, que estaba dispuesto a venir a España si yo lo pedía y unas cuantas cosas más (al parecer los 400 Km. de distancia inicial, se le quedaron cortos y decidía recorrerse 1500 Km.…)

Desde luego, no era el mejor momento, y le dí un montón de calabazas, aunque era un buen chico, y guapo (aunque un poco pesado), y lo reconozco, me había escrito la carta más bonita que me habían escrito en mi vida. Pero no era el momento, no quería volver a cerrarme en una relación ni loca, y él no hacía más que presionarme sobre venirse a vivir a España; incluso llegó a echar el curriculum en la empresa donde yo trabajaba porque yo no se lo quería entregar. La bomba fue cuando me dijo que estaba en Barcelona, y me echó la bronca, ya que yo en una ocasión (pensando que era broma), le dije que mi ciudad estaba mucho más cerca de Barcelona que de Madrid. En realidad, mi ciudad estaba a 800km de Barcelona y a 300 de Madrid… Se enfadó mucho más, cuando me hizo la pregunta mágica “Pero bueno ¿tu quieres que vivamos juntos o no?!”. Pues no. ¿De dónde se habrá sacado eso? Lo siento mucho si le hice daño, pero le dije muchas veces que no estaba preparada para relaciones, y menos empezando tan en serio desde el principio ni con tanta insistencia. Eso sí, mientras estuvimos juntos, fuera lo que fuera, fue muy bonito.

Mientras tanto, yo seguía manteniendo contacto con mis amigos italianos, los de la ludoteca, especialmente con el que intentó darnos clase de italiano, (aunque yo ya lo hablaba). Fue cuando descubrí el Messenger (sí, fue hace unos añitos), y hablaba bastante con él por Messenger. Y en una de esas conversaciones, va y me salta que me tiene que decir un secreto, que mientras estaba allí nunca se atrevió a decirme, y que era consciente de que nunca me sacó de fiesta ni a cenar con sus amigos porque… se había enamorado de mi. (…). Pero bueno, vamos a ver ¿qué pasa aquí? Vale que yo no soy ningún callo, pero tampoco soy un bombón que la gente se de la vuelta a mirarme cuando paso, entonces ¿qué le pasa a Italia conmigo? Quiero pensar que es por ser española.

En fin, después del susto y de explicarle que nunca sería posible tener nada con él, más que nada, porque el chico está casado y tiene dos hijos, a quienes conozco y su mujer era muy amiga mía, decidimos dejarlo todo en amistad, pero una de esas amistades, que después de una confesión así, uno sabe que no volverá a ser lo mismo…

Bueno, pues ya está, esas fueron mis aventuras italianas. Por supuesto no está todo, faltan muchos detalles, que entonces sí que hubieran hecho de esto un libro, como las gracias de Mª Grazia de los cojones, la líder número uno de la congregación de la virgen del puño (me hizo pagarle los ingredientes de unas tortillas que le hice a los chicos de la institución, cuando se supone que el voluntario incluye el alojamiento y la manutención), manipuladora, facha, pseudocatólica, etc, etc.

Al final, me salí un poco con la mía, porque al acabar el proyecto se había de hacer un informe con la evaluación, y el mío fue tan real y duro ( y aportando pruebas), que nadie más volvió a hacer voluntariado en ese centro, con lo cual, Mª Grazia de los cojones, tuvo que levantarse del sofá y ponerse a trabajar.

Finalmente, el destino quiso que coincidiéramos en un mismo trabajo Pablo, Alberto (su ladilla) y yo. Al día siguiente de que yo empezara a trabajar, Pablo pidió la baja voluntaria en su empresa. Caramba, no sabía que tuviera tanto poder…

Pero esta experiencia, también me pasó factura, una factura en la salud… que con ánimo de fastidiar… dejaré para otro día…

lunes 19 de julio de 2010

CAPITULO V: NUEVAS OPORTUNIDADES Y OTRA VEZ NUEVOS PROBLEMAS

Como iba diciendo… en una ocasión conocí a Enrico.

Me lo presentó una de las chicas que vivía en el centro, con la cual, yo en teoría, no debería haber tenido contacto, pero era la única que me escuchaba y que me hizo reaccionar en esta historia.

Estando en una cafetería, aparecieron unos amigos del novio de esta chica, y me los presentaron. Entre todos ellos, había uno que no hablaba, pero que no me quitaba ojo, y cuando digo que no me quitaba ojo de encima, es que no lo hacía, no es que mirara disimuladamente, que va, es que no separó la mirada de mí en el rato que estuvimos allí.

Como ya me había resignado a mi soledad, y a disfrutar de ella, uno de los días que volvía de dar una vuelta por Genova, me encontré a este chico casualmente en el mismo vagón de tren que yo iba. No me dijo nada, pero yo veía por el reflejo del cristal, que seguía sin quitarme ojo.

Al día siguiente, mi amiga en el centro, me preguntó si le podía dar mi número de teléfono a este chico, pues le había dicho que yo le gustaba bastante. Pues claro, menudo subidón de autoestima. Diez minutos más tarde, ya me estaba llamando para quedar esa misma tarde. Era increíble la sensación de volver a tener mariposas en el estómago. Caramba… vuelvo a ser persona.

Y el chico no perdía el tiempo, esa misma tarde, ya me había dado el primer beso. Yo iba en una nube. Cinco meses pasándolo mal, sintiéndome una mierda y la persona menos deseada del mundo, se habían ido al garete en un minuto, para sentirme todo lo contrario: deseada y admirada. Pero tal vez demasiado…

El caso es que así fue la primera cita, pero las siguientes, fueron aumentando en grado exponencial. En la segunda cita, ya montamos un numerito en una cafetería, y es que este Enrico, era muy apasionado. Pero ya en la tercera, le tuve que parar los pies mucho, y no es que yo sea una monjita, y después de lo que había pasado, quería cualquier cosa menos una relación seria; pero Enrico se puso particularmente pesado en un bar, diciéndome todo lo que quería hacerme esa noche, lo cual pasaba por estar boca abajo en su cama, con un montón de juguetitos, en los que los más light eran las esposas y un vibrador. Hombre, yo creo que para una tercera cita, ya había tenido suficiente, y es que tío, a mi el sexo me gusta para disfrutar, no para que me hagan daño. Ahora… si quieres lo hacemos al revés, y el que se pone boca abajo eres tu, a ver si me gusta... Ah, ¿qué no? Pues si no hay igualdad de condiciones, no hay trato.

Ese día conseguí librarme de él y llegar sana y salva al centro, pero entonces empezó el acoso. Hasta el punto de que se lo dije a mi amiga, y su novio, demostrando la galantería italiana, amenazó a Enrico (que era su amigo), con romperle las piernas y algo más, sino me dejaba en paz. Al parecer, le había ofendido muchísimo que le hubiera hecho propuestas de ese tipo a la amiga que le había presentado precisamente su novia. ¡¡¡Italianos…!!! pero bueno, estaba bien saber que contaba con protectores descendientes de El Padrino.

Mientras tanto, se acercaba la navidad. Y después de todo lo que había pasado, me negaba a pasarla en Italia, lejos de mi familia, y esta vez sí que no tenía a nadie en Italia si me quedaba allí, ni siquiera mi amiga, que también se iba con los suyos.

En septiembre, al acabar la tesina, me había sacado el billete de avión para pasar la navidad en casa.

Pero… el fantasma de los atentados del 11S seguía ululando por los aeropuertos, y como consecuencia de ello, la compañía aérea con la que yo tenía el vuelo, quebró. Cuando me lo dijeron, faltaban dos semanas para que me fuera, y me había quedado sin billete. Fui a sacar otro, cuando me di cuenta… que la tarjeta de crédito no funcionaba. ¡¡¿Y ahora qué pasa?!! Pues que como estaba a punto de entrar el euro en vigor, los del banco habían tenido que actualizar todas las tarjetas de crédito y decidieron cancelarlas todas. El caso es que yo estaba a 1000 km de distancia, lo que suponía un pequeño problema para poder ir a recogerla. O sea, que me encontraba sin dinero y sin billete, y encima me había gastado lo que había ahorrado en el viaje a Verona, y solo me quedaban 2000 liras (poco más de un euro).

Menos mal que me dio por mirar en la maleta (siempre guardaba ahí el dinero), a ver si me quedaba algo, y pegados en el fondo, encontré dos billetes de 10.000 pesetas, que al parecer había dejado ahí, sin cambiar, por si los necesitaba en el trayecto desde Madrid a mi ciudad. Diosss, nunca me ha hecho tanta ilusión ver la cara del príncipe de España.
Fui corriendo a cambiarlos en euros (mis primeros euros) y me pude comprar el billete de avión para pasar las navidades en casa.

Era un 22 de diciembre. Y por supuesto, el viaje, que ya había empezado de forma emocionante, no iba a dejar de serlo. Como siempre, vuelo a Madrid, vía Paris, y como siempre, con muy poco margen de tiempo que hace que tenga que salir corriendo, dirección a la terminal del aeropuerto de Paris, que está en la punta más alejada de donde me deja el avión de Génova. Quedaban cinco minutos para que saliera el avión, cuando me encontré con la enorme cola para pasar el control de acceso. Pensé, “Lo pierdo, seguro”. Me hicieron quitarme hasta los zapatos, y descalza, y con las botas en la mano, fui corriendo hasta la puerta de donde salía mi avión. Todo esto, para ver que allí estaba todo el mundo con cara de aburrimiento, y con un retraso previsto de dos horas. Bueno, al menos no lo he perdido.

Pero allí pasaban cosas muy raras. Nadie nos decía nada, ni nos dejaban salir de aquel recinto. Cuando por fin nos dejan bajar a la pista, en teoría para acceder al avión, veo que debajo de esté, hay amontonadas un montón de maletas, y un azafato, me dice que busque la mía, y llame a un mozo para que me la identifique y me la suba al avión. Todo esto es un poco raro ¿no? Nos metieron en el avión y estuvimos allí una hora más, sin que nadie nos dijera nada sobre porqué no despegaba el avión, ni nos decían nada. Finalmente despegamos, y llegué a Madrid, donde me esperaban mis padres con cara de angustia. Me explicaron que habían oído en la radio que habían pillado a un terrorista en el aeropuerto de Paris, que estaba dentro de un avión con destino Miami, el cual llevaba una bomba en los zapatos con la intención de hacerla explosionar en pleno vuelo. Para los que no se lo crean he buscado la noticia en Internet (bueno, lo que queda a día de hoy):
http://www.diariodeavisos.com/epoca1/2001/12/26/noticias/internacional/26DA62A.html

Y con la nevada que había caído ese día en España, mis padres fueron a buscarme a Madrid, porque sabían que yo estaba en ese aeropuerto, y nadie les quería decir nada. Por supuesto a los que estábamos en el avión, no nos explicaron tampoco nada, ya que se podía haber desencadenado el pánico. Ahora entiendo porque casi no nos dejaban encender los móviles ni hacer llamadas.

En fin, ya se estaba acabando el 2001, y empezaba el 2002. ¿Empezaría mejor? Aún me quedaba un mes en Italia. Enrico me había escrito un mensaje para desearme una feliz navidad, y me decía que esperaba ardientemente mi vuelta. Pues que siguiera esperando con un cubo de hielo al lado, por si acaso se quemaba.

Navidades tranquilas, en familia, y último mes en Italia, que continuó lleno de sorpresas.